Los 100 millones de dólares de Vicente Brito

I

Aquí está Vicente Brito. Para quienes no lo conocen, es empresario. Porque aquí mucha gente piensa, señor Brito, que usted es sólo un gremialista profesional. No saben, sin embargo, que hoy su portafolio de proyectos suma unos 100 millones de dólares. Y esto es mucho decir en esta Venezuela de desconfianza e incertidumbre. Un portafolio de esa magnitud –integrado por inversiones agroindustriales, turísticas e inmobiliarias- lo ubican a usted en el rango de los emergentes que hoy han tomado el poder en Fedecámaras.

Viene Vicente Brito, rápido en el verbo, y señala: “un empresario emergente, venido de la provincia, que es de donde han surgido en los últimos 15 años los patrimonios que superan los 100 millones de dólares”. Con 27 años de actividad económica y 20 de actividad gremial, admite que la fortuna familiar que representa hoy “está consolidada”. Los próximos años, sin embargo, son decisivos, pues a ese plazo se ha calculado el tiempo de maduración de los proyectos emprendidos.

Con esta respuesta, contundente, no deja dudas el señor Brito. Que no se diga ahora que su ascenso fue nada más producto de toda una estrategia montada para desbancar a los viejos poderes de Fedecámaras. Estrategia que según algunos consistía en sembrar el país de cámaras regionales con voz y voto, sólo esperando el momento y la oportunidad para hacer mayoría en las asambleas anuales. Que no se diga tampoco que esa misma estrategia coincidió con la llegada de un nuevo poder político a Miraflores y que, bueno, había que estimular en el empresariado un liderazgo nuevo con el fin de entenderse mejor. Mucho menos se diga que la carrera de Brito se vio beneficiada en el pasado por ciertos acuerdos con los viejos partidos, porque el presidente de Fedecámaras responde con dureza: “Yo no hago pactos con nadie. Menos con políticos”. Para abundar en detalles, hoy no siquiera el viejo ex-caudillo de AD, Luis Alfaro Ucero, aparece en el listado de sus amistades más cercanas.

II

Brito salta y más bien aclara que a lo largo y ancho del país ha germinado un movimiento empresarial emergente –“distinto al tradicional”, aclara- sin vinculaciones políticas y que en virtud de su esfuerzo, cuenta con “capital propio y patrimonio propio”. Para Brito, los tradicionales significan un ejemplo. “Así los hemos visto”. Pero ahora, frente a los nombres de otros tiempos, está el movimiento emergente que él representa, el cual no sólo se expresa, como se ve, desde un punto de vista de liderazgo, sino también con una fuerte presencia económica. Sólo en el Zulia se cuentan al menos 25 las fortunas que oscilan entre 50 y más de 100 millones de dólares, cuadradas por supuesto con la propuesta del nuevo presidente de Fedecámaras. Y no es sólo el patrimonio. El principal activo es la visión. “Siempre he considerado que el empresario no tiene límites. Uno hoy tiene un proyecto y mañana tiene otro. La ventaja que posee la actividad privada es que siempre tiene alternativas”. Al hablar de los capitales tradicionales, también expresa que “no es tiempo de reclamarles”, por si alguna vez dejaron de tomar decisiones. “Es tiempo más bien de pensar en el futuro. El reclamo nos quita tiempo”.

La visión hoy es el reto del país. Así de simple. En lo concreto, un Estado que pueda transferir la riqueza a los venezolanos: mejor educación, mejor salud, mejor seguridad, mejor infraestructura. ¿Y los empresarios? Como los protagonistas de una obra de teatro: creativos con ideas. “Entonces que surjan esas ideas. Que nos permitan ser creadores”. En ese modo, se pronuncia por el fin definitivo del estatismo, que ha demostrado, en su opinión, ser un fracaso. Y lo peor es que todavía, afirma, no observa “una política de Estado dirigida a reducir el Estado”. Lo que ha habido en los últimos 10 años, desde los tiempos del programa de ajuste de Carlos Andrés Pérez, son amagos.

Plantea urgente privatizar el sector eléctrico, la petroquímica e, inclusive, la posibilidad de que Petróleos de Venezuela transfiera cada año a los venezolanos un dividendo producto de sus ganancias. ¿No es esto más rentismo? Lo niega, pero no logra explicar con precisión esta idea. El mecanismo no lo tiene muy claro. “El Estado lo redactará”, señala. E insiste: “Es muy sencillo. Cada venezolano recibirá un dividendo anual de PDVSA”. No es rentismo, repite. “Es un mecanismo innovador de repartición de riqueza del Estado”. Y aunque expresa que los recursos fueron despilfarrados en el pasado por los gobiernos de turno, justifica que lo que puedan hacer los habitantes de los barrios, por ejemplo, con su dividendo, “es un derecho de cada ciudadano”.

Le toca un papel duro, sin duda. La convivencia con el Gobierno de Chávez no será tan fácil. De hecho, la voz de reclamo ya comienza alzarse. Para que no quepan malentendidos aclara: “Una cosa es mantener buenas relaciones con el Gobierno y otra que el Ejecutivo comparta su estrategia económica con el sector empresarial”. Las buenas relaciones, sin embargo, ya han sido allanadas lo suficiente por la empatía entre el anterior presidente, Francisco Netera, y el entonces candidato, Hugo Chávez. De hecho ya hoy se habla de Natera como ministro, lo que Brito interpreta como una “decisión personal” que no compromete el perfil institucional de Fedecámaras.

Juan Carlos Zapata
 
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