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Muchas son las historias que enriquecen los hechos que sucedieron en época de la Independencia en los llanos venezolanos, particularmente entre el estado Barinas y Apure. Recorramos un poco por algunas de las más importantes historias de sucesos y personajes emblemáticos de la zona y de la época.
Empezaremos con un personaje bastante conocido en las llanuras, especialmente en Casanare y Guasdualito. Y estamos hablando del presbítero Ramón Ignacio Méndez. Originario de Barinas, mostró impecable capacidad intelectual y conducta que le merecieron los títulos de Bachiller Licenciado y Maestro de Filosofía, Bachiller Licenciado y Doctor en Derecho Civil, Bachiller Licenciado y Doctor en Derecho Canónico y bachiller en Sagrada Teología.
A principios de 1810 el Doctor Méndez se dirige a Caracas, donde lo sorprenden los sucesos del 19 de abril, inicio del rompimiento definitivo de la antigua Provincia de Venezuela con el imperio español. La Provincia de Barinas se une a la revolución el 5 de mayo, formándose la Junta Suprema de Gobierno de Provincia. En octubre de ese mismo año, cuando llega a Barinas la comisión formada por el Marqués de Mijares, el Dr. Méndez y el Comandante Pedro Aldao, cuyo objeto era el de estrechar vínculos entre ambas provincias. |
Uno de los departamentos de la Provincia, justamente Guasdualito, eligió al Doctor Méndez como su representante al Congreso constituyente de 1811. Aunque no hay constancia de que haya intervenido, con palabras, en la sesión del 3 de julio, protagonizó un desagradable suceso cuando intentó golpear al General francisco de Miranda, en momentos que el precursor exponía sus razones a favor de la Independencia. El Doctor Méndez no estaba de acuerdo con la Independencia, pero suscribió el Acta sin reparo alguno. Probablemente fue persuadido por las palabras de oradores como Roscio, Ramírez y Peñalver.
Más adelante, la situación de Barinas empeoró lo que provocó un gran éxodo: cerca de 4 000 personas abandonaron el lugar. En aquella emigración iban numerosos patriotas barineses, pertenecientes a las familias más distinguidas; se dirigían a San Carlos. Pero el Dr. Méndez prefirió internarse en los llanos, rumbo a Casanare. En 1815, Casanare fue invadida por los realistas y Méndez se dirigió a las llanuras de Apure para unirse a las tropas de Páez.
En su Autobiografía, Páez menciona varias veces al Dr. Méndez y lo designa como uno de los grandes patriotas barineses. Entre los hechos más importantes junto a Páez, se puede recordar la presencia de Méndez en el acto donde Páez reconoció a Bolívar como Jefe Supremo. |
Luego, en 1826, fue nombrado Arzobispo de Caracas el 21 de mayo con carta expedida por el Papa León XII. Poco después, el 11 de mayo de 1828, hizo su entrada en Caracas el nuevo Arzobispo, con una gran recepción. Entre las personas que lo felicitaron estuvo José María Vargas, Rector de la Universidad, y quien le expresó la felicidad que lo llenaba el saber que la iglesia ya tenía su cabeza inmediata.
Pasó el tiempo y el Arzobispo Méndez entró en conflicto con el gobierno. Conflicto que determinó que el pastor fuese desterrado dos veces de Venezuela. A pesar de ello siguió su lucha sorda en contra de aquel Gobierno de la Oligarquía Conservadora, hasta que lo expulsaron otra vez en 1836, por haber desconocido el derecho de Patronato negándose a dar la institución canónica a unos prebendados presentados por el Gobierno. Huye a Curazao donde vive tres años y de donde parte hacia Santa Marta. Cuando se dirige a Bogotá, la salud del Doctor empeora, obligando a detenerse en la Aldea Vileta donde muere el 6 de agosto de 1839. Sin duda, gran hombre que fue primera figura en los anales eclesiásticos y en los fastos nacionales de Venezuela.
Otro personaje que tuvo gran importancia en la época llanera, fue don Nicolás Pulido. Oriundo de España, llegó a Caracas en 1776 radicándose luego en Barinas. Entre las actividades que lo ligaron políticamente a Barinas se encuentran la de alcalde ordinario de la Ciudad de Barinas, alguacil mayor del Santo Oficio y juez de llano de los departamentos Barinas, Mijagual y Nutrias. Sus hijos José María y José Ignacio Pulido fueron destacados próceres de la Independencia.
Don Nicolás Pulido desempeñó oficios importantes en la época colonial. Muy joven, ocupó el empleo de Interventor de la Real Hacienda en la Provincia de Barinas, cuando don José de Alustiza era el Administrador principal, hacia 1790. |
Desde siempre abrazó la causa republicana. Asistió el 5 de mayo al cabildo abierto que fue convocado en Barinas luego de conocerse los sucesos del 19 de abril en Caracas, y aunque no perteneció a ella, fue postulado recibiendo algunos votos; su hermano Manuel Antonio sí salió electo.
La primera Asamblea Provincial de Barinas se instaló el 24 de marzo de 1811, teniendo por objeto celebrar la instauración del Congreso General de Venezuela y realizar la congregación de Diputados. Los diputados elegidos fueron Manuel palacio representante de Mijagual y el doctor Juan José Mendoza, por Guasdualito. Don Nicolás Pulido había sido designado por Pedraza pero se excusó, tomando su lugar don Pedro Briceño Pumar.
A pesar de haber sido convocado para varias reuniones y cabildos, Pulido nunca pudo asistir por diversas razones de salud. Don Nicolás Pulido se quedó en Barinas, donde prestó valiosos servicios. En 1812, cuando se perdió la Primera República, ocupaba el cargo de Intendente de la Provincia. Al suceder esto, tuvo que huir a Nueva Granada, como lo hicieron muchos patriotas barineses. Todos ellos regresan con Bolívar en la famosa Campaña Admirable. El 13 de julio de 1813, Simón Bolívar pronunció un discurso en Barinas donde comunicó que los invasores habían sido expulsados y que se restituiría la República de Venezuela. Además repuso a don Nicolás Pulido como Intendente de la Provincia.
Luego, gran parte del país se vio amenazada por el enemigo. Empezó la gran retirada hacia el centro del país, donde centenares de familias huían de los crueles realistas Yáñez, Puy y Ramos. Don Nicolás Pulido participó en esta retirada para regresar poco después a su tierra en compañía del Teniente Coronel Ramón García de Sena. Éste, le envía un oficio a Urdaneta pidiendo auxilio y que es llevado por Pulido. Don Nicolás recorrió grandes extensiones de terrenos para cumplir la comisión como de hecho lo hizo; demostró así su patriotismo. |
Fueron muchas las vicisitudes por las que Pulido y su familia pasaron. Uno de sus nietos comentó en un escrito que Pulido era un escritor, filósofo y pensador. Muchos de sus escritos quedaron regados entre las familias emigradas entonces. Desengañado por la política, vuelve a Barinas donde vivió hasta la fecha de su muerte en 1834.
No podemos olvidar, además, el paso por estas tierras de grandes mujeres. Sin embargo, comentaremos la vida de una en especial: Doña Dominga Ortiz de Páez. Nació en el Canaguá primitivo el primero de noviembre de 1792. Pertenecía a una de las mejores familias del pueblo. El momento crucial de esta señorita tuvo lugar cuando, a los quince años, conoce a un muchacho de 17 años, catire, huyendo de la justicia, y que fue contratado en el hato de don Antonio Pulido, un rico caballero barinés, con un sueldo de tres pesos mensuales. Su nombre: José Antonio Páez.
Aún cuando el sueldo no le era suficiente, la dura pero estupenda enseñanza recibida en la hacienda recompensaba aquello. Estaba a las órdenes de Manuelote, severo negrazo de voz imperiosa que fue el maestro de una inhumana y salvaje pedagogía. "Catire Páez, tírese al agua y guíe el ganado". "Yo no le pregunté si sabe nadar o no; tírese al agua y guíe el ganado".
El hato la Calzada fue la mejor escuela llanera que pudo tener Páez. Ella fue el gimnasio donde adquirió su robustez y la prodigiosa vitalidad que decidieron su futuro. Al cabo de dos años pasó a otro hato, el Pagüey, propiedad del mismo rico señor. Aquí conoció a Manuel Antonio Pulido, que definitivamente, fue el encuentro clave en la formación de Páez. Pulido lo sacó del estado de peón y lo convirtió en vendedor de ganado ofreciéndole protección especial. |
En una de sus frecuentes visitas a Canaguá conoce a Domina Ortiz. Por su condición de huérfana, poseía una gran fortuna y era un buen partido. Se casaron el primero de julio de 1809. Con el matrimonio, la situación de Páez cambia. Ahora es dueño de tierras, casas y ganados.
En 1810 estalla la revolución de Independencia. Barinas abraza con entusiasmo la causa republicana. La guerra va a producir tremendas mutaciones. Las riquezas comenzaron a extinguirse. Los sucesos convierten al dueño del hato la Calzada en un soldado de la revolución. A él se le une Páez. A partir de allí, su vida sería un camino de suertes variadas; prisiones, fracasos y triunfos. Y comienza también para Dominga una vida azarosa, llena de sinsabores y angustias; sentimientos típicos de una mujer enamorada que teme por la vida de su marido.
A fines de 1813, Páez, que había sido preso por los realistas, iba a ser ajusticiado en Barinas por órdenes del cruel Puy. En esos momentos, la mujer ha hecho acto de presencia para informarse acerca de la suerte de su marido. Hablando con un cabo de la guardia que custodiaba a los presos, se enteró que allí se encontraba Páez, por lo que pidió al guardia la dejase entrar a verlo. Éste accedió pero en un instante apareció Puy, molesto por el asunto, y echó a Dominga del recinto y castigando al guardia. Luego, un tío de la muchacha, don Cristóbal Orzúa, salvó a Páez de la muerte que lo esperaba. Se comprometió a dar trescientos pesos como fianza pero Puy pidió el doble, que fue igualmente sufragado por Orzúa dada la estimación que él y su familia sentían por Páez.
El soldado patriota queda en libertad pero en vez de alejarse de ese enemigo inhumano, decide quedarse inexplicablemente en Barinas. Más tarde el 5 de diciembre, José Antonio Páez fue puesto en prisión una vez más y tal vez hubiese sido ajusticiado esa misma noche, si no hubiese sido por...
Si no hubiese sido por la acción del "Ejército de las Ánimas", inspirado en nuestra Dominga Ortiz. La causa de aquel movimiento fue el haberse oído un disparo de fusil en la ribera del río Santo Domingo. Puy reunió las tropas en la plaza y ordenó un nuevo reconocimiento. Pensó en asesinar a los presos, pero el terror era tal que decidió huir a San Fernando de Apure. Así nació la leyenda del "Ejército de las Ánimas", que salvaron esa noche a Páez. Sucedió que el disparo que causó la revuelta fue hecho por Dominga. Bastó ese disparo para que las "ánimas" a las que Dominga siempre le había profesado respeto, salieran a la salvación de Páez. Dominga fue una dama de profunda fe religiosa. |
Luego se convirtió en la enfermera del ejército patriota que tanto necesitaba de asistencia médica. Se convirtió, junto a otras, en las samaritanas de la República. La consideraban dentro del ejército como un consuelo. En la epidemia de fiebres que en 1817 diezmó el ejército patriota, fue una verdadera hermana de la caridad. Ella fue factor fundamental en aquella numerosa emigración de familias que siguieron a Páez durante las campañas de Apure. Tales migraciones empeoraron más aún la situación del ejército dado que buscaban su salvación en éste, lo que retardaba las operaciones sobre el enemigo.
Sin embargo la presencia de Dominga fue realmente positiva. Se convirtió en el centro de todas las actividades y fue el alma de aquella especie humana. Ya se encontraban en la laguna de Cunaviche, lugar escondido inaccesible al enemigo. La presencia de Dominga, igual que la del sacerdote de Guasdualito, fue una bendición para muchedumbre congregada que sumaba unas seis u ocho mil almas.
Tiempo después, la campaña de Carabobo arranca a Páez del ámbito barinés y con ello, la ruptura definitiva de Dominga y éste. También ayudó al rompimiento, la intrusión de Barbarita Nieves, que conquistó por completo el corazón de Páez. Dominga Ortiz vuelve a su tierra, altiva y digna. Tiene cerca de treinta años.
Siguió siendo la dama generosa y caritativa de siempre. Pero no se dedicó a orar como en años anteriores. Como madre, se dio a la tarea de levantar a sus dos hijos, Manuel Antonio y María del Rosario, nacidos en los días duros de la guerra. Y como mujer de carácter, se entregó a la empresa de reconstruir la fortuna que le había arrebatado la revolución. |
Sucedió después que Páez toma las armas en 1848 para lanzarse en contra del gobierno de Monagas. Es derrotado en Macapo y es preso en la fortaleza de San Antonio de Cumaná. Y fue objeto de una inesperada visita: Doña Dominga Ortiz, en compañía de su hija María. Atendieron durante algunos meses a su esposo y padre respectivamente. Se aproximaba la reunión de las Cámaras del Congreso, a las que la mujer abnegada asistió con una carta escrita por Páez. En dicha carta, el patriota protesta por el trato que se le ha dado siendo él uno de los próceres de la Independencia. Pero doña Dominga no se limitó a sólo llevar el mensaje; también se dedicó a defender a su marido legítimo, pidiendo le permitan salir del país. Después de muchas penurias, se le aprueba al General salir del país y finalmente se marchan a San Thomas en el buque a vapor "Libertador". El General había sido desterrado. Páez le habría pedido a Dominga se quedara con él, a lo que ella respondió con un no rotundo, explicando que lo que hacía era como un deber de esposa, y se regresó a Venezuela con su hija.
Pero aquí no termina la historia. Al llegar a Valencia, comenzó una campaña en contra de Joaquín Herrera, Gobernador de la Ciudad, a quien juzga como un ladrón atrevido por haberse apropiado de un par de pistolas de Páez, que estaban en las fundas del prócer al momento de su detención. Luego Herrera fue sometido a juicio pero se le absolvió.
Fueron, además, muchas las quejas hacia el gobierno por parte de esta dama, que la hicieron conocer, no como aquélla generosa mujer de Barinas, sino como una mujer de carácter, altiva y decidida, que siempre luchó por los suyos. Falleció en Caracas el 31 de diciembre de 1875. Sin duda, icono de la mujer emblemática de la época de Independencia, reconocida por su abnegación hacia su marido aún después de que éste la dejó; su recuerdo como heroína vive en el recuerdo de generaciones. Imborrable será su ejemplo de mujer extraordinaria. |
Ahora, ya que hablamos de personalidades de la época, nos corresponde hablar aquí de la descollante familia Pumar. Y esta vez es con el Dr. Y Coronel Nicolás Pumar. Sus condiciones morales no merecían muchos elogios que digamos, pero su nombre no puede ser excluido de la larga galería de próceres barineses. Expuso su vida en algunas de las campañas que contribuyeron al logro de nuestra Independencia.
Su actitud era reprochable. Incluso Bolívar lo despreciaba. Urdaneta lo recordaba con ironía. José Félix Blanco lo odiaba. No obstante, Páez se sirvió de él y lo nombró Coronel.
Nicolás Pumar nació en Barinas, capital de la Provincia del mismo nombre. Estudió en Caracas recibiendo en 1804 el grado de Bachiller en Filosofía; en 1810 recibió el título de Dr. En Derecho Canónico.
Muy pronto, ya doctorado, regresa Pumar a Barinas y se metió de lleno en el torbellino de la revolución, en el cual cerraron filas sujetos muy importantes de su familia como el Marqués de Boconó y don Miguel María Pumar.
En la sesión del 24 de marzo de 1811, realizada por la Junta Superior de Gobierno de la Provincia de Barinas, se procedió a la elección del presidente y del secretario de la Asamblea Provincial de Gobierno, que recayó en los doctores Cristóbal Mendoza y Nicolás Pumar, siendo este último, por decisión unánime. |
Ya en Apure, el Dr. Pumar estuvo en todos los azores de su provincia hasta 1816, que de secretario y consejero de Páez, siguió con él en las campañas de estas regiones. Identificado con Páez, parece que Pumar tuvo mucho que ver con lo que se conoce en nuestra historia como "El Motín de Arichuna", especie de reacción de las tropas de Apure contra el Coronel Francisco Santander y el simulacro de gobierno que se estableció en Guasdualito en 1816. Tal movimiento implicaba un golpe directo al régimen de Santander. Informado éste del movimiento en su contra, tuvo el instinto de presentarse ante los Jefes de Cuerpos y manifestarle que el paso que proyectaban no hacía honor al nuevo Ejército de Venezuela, que influiría desventajosamente contra su reputación marcial y por último que renunciaría al mando del Ejército que le había conferido la Junta de Guasdualito, para que se quedasen en plena libertad de darse un jefe de su espontánea elección. Se conformó entonces una nueva Junta puramente militar en la que estaba Nicolás Pumar. Este último con el cargo de Auditor de Guerra.
Pero según algún historiador, el papel de Pumar en la revuelta, fue aún más importante. Aparentemente, fue uno de los autores de este motín, y que seguía al ejército, junto a los Briceños y Pulidos de Barinas, esperanzados de dominar a Páez que había servido de peón jornalero, en sus hatos; los eclesiásticos dirigidos por el Dr. Ramón Ignacio Méndez, que habían emigrado, en número de más de veinte, de todas las provincias, incluso un fraile dominico, resentidos, porque el gobierno de Guasdualito les exigió un pequeño donativo para socorrer a las tropas que estaban enteramente desnudas.
La influencia de Pumar en Páez es innegable. Otros hechos inicuos en los tiempos de la campaña de Apure. Con algunos de ellos, parece que tuvo relación el Dr. Pumar. Los más notorios fueron la decapitación del Coronel Francisco López, Gobernador Realista y los asesinatos del General Serviez y del señor Girardot, padre del joven Atanasio, héroe de Bárbula; así como el asalto al Coronel Miguel Valdés. |
Mucho después, tuvo ocasión de conocer a Simón Bolívar. Éste le vio las fallas que tenía. En resumen, el encuentro no fue nada favorable para el letrado barinés. A partir de ese momento no hay documento que demuestre que Bolívar lo ayudase directa o indirectamente.
Nicolás Pumar fue un paladín de la Guerra Magna y prestó a la República valiosos servicios, con riesgo de su vida. Son hechos que no pueden ocultarse, aunque manchó su reputación con acciones indignas. Murió en 1831.
Sería necesario también, mencionar el paso por estas tierras de Francisco Olmedilla, que aunque su historia es corta, vale la pena mencionarla. Francisco representó al gremio de comerciantes de Barinas, en la Junta revolucionaria en mayo de 1810. Manuel pulido, Gobernador de Barinas, lo puso al frente de un cuerpo de caballería. En San Carlos, se unió al Libertador y fue de los vencedores el 5 de diciembre en Araure. Volvió a Barinas con el Comandante García de Sena porque, el Gobernador Pulido, al estar en desacuerdo con el Libertador, cedió el mando de su Provincia. El 29 de enero de 1815 derrotó en Guasdualito al Coronel Miguel Briceño Pacheco el Capitán de Milicias José Antonio Páez, que servía con él desde Barinas, comenzó sus peculiares intrigas hasta que se alzó con el mando.
Luego se casó con Candelaria Coeto y tuvieron entre otros a Francisco, que defendió como su padre la causa la causa de Independencia. En 1813 cayó aquel en Guasdualito con Antonio Nicolás Briceño, pero logró fugarse. Siguió en las campañas de Apure y el 19 ganó en Las Queseras del Medio el grado de Teniente Coronel. El 22 murió asesinado en Guasdualito. El gobierno de la Gran Colombia le declaró a la viuda, el 7 de marzo de 1825, el haber militar de 1 762 pesos y el de Venezuela el 45, como viuda y madre de Ilustres Próceres, una pensión.
Para cerrar esta parte de la larga e interesante historia llanera, haremos mención del que fue sin duda el más importante soldado que ofreció Barinas a la Revolución Federal. Y estamos hablando del General Pedro Manuel Rojas. No sólo por el extraordinario aporte que dio como guerrero sino también por la nobleza de su persona; era un verdadero caudillo: querido y respetado por todos. |
Conforme al juicio de varios historiadores, era Pedro Rojas un hombre generoso y verdaderamente cristiano que siempre tendía a humanizar la guerra. Además fue uno de los pocos hombres de estatus social que se lanzó a la guerra federal.
En abril de 1859, pisa el General Zamora la extensión barinesa. Sus tropas ponen sitio en la capital de la Provincia y en vano pretenden tomarla. El 25 de este mismo mes, incorporó Antolino Alvarez a Zamora, con su División, entre cuyos jefes principales figuraba Pedro Manuel Rojas, por entonces Comandante. A partir de entonces, será un fiel discípulo de Zamora y empieza a forjar su personalidad de caudillo en la región. Tiempo después, su reputación creció con la victoria de Nutrias, la cual llenó de alegría a Zamora que se encontraba en Guanare.
Luego, el año de 1860 se inició con hechos muy funestos como la muerte de Ezequiel Zamora y la derrota de Coplé. En junio del mencionado 60, ocupaba a Ciudad de Nutrias, el Comandante Facundo Camero, quien la había tomado hacía poco con soldados que llevó desde San Fernando de Apure. Luego, el General Rojas hostiga a Camero, atacándolo por La Tejería, obligando a sus tropas a esconderse en el monte; las enfermedades diezmaron este ejército, y por fin Camero huyó por las aguas. Enseguida el General Rojas ocupó otra vez Nutrias, y por estos hechos los federales quedaron en posesión de toda la Provincia de Barinas, del Alto Apure y de una gran parte de Portuguesa: eran los primeros días de julio.
Ya en 1863, después del triunfo de la guerra federal, Pedro Manuel Rojas fue elegido Diputado al Constituyente, por el Estado Barinas, junto con los generales Julián Sosa, Emeterio Gómez, Rafael María soto y el Dr. Eugenio Rivera. En 1867, tanto conservadores como liberales estaban de acuerdo en que debí fomentarse una revolución para derrocar al Presidente Falcón. El gobierno, sabedor de tales intenciones, tomó algunas providencias, que no lograron detener el levantamiento. El General Pedro Manuel Rojas era Jefe del Distrito Militar de Occidente, y el desarrollo de los sucesos dio al traste con su autoridad en la región. Y se fue a Colombia.
El exilio duró hasta 1870. Después del triunfo de la Revolución de Abril, acaudillada por el General Antonio Guzmán Blanco, regresa a Venezuela Pedro Manuel. Pero enseguida regresa a la Nueva Granada, estableciéndose en El Rosario. En 1871 emprendió viaje hacia Caracas, pero falleció en el camino, específicamente en Guasdualito. Allí murió el hombre en quien tantos venezolanos tenían cifradas grandes esperanzas, para encaminar los destinos del país con la honrada convicción de procurar su bien... Pero el Dios de las Naciones, dispuso que aquí quedara esa esperanza sepultada. |
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