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Navegación por su historia |
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Era un territorio sin ley, propicio para la codicia de aventureros foráneos, habitado por Betoyes, Caquetíos, Jirajaras, Achaguas, Guahibos y Guamos, hasta que la acción evangelizadora encauzó el orden y generó la creación de caseríos y poblados,en cuyos suelos, de mucho andar, se fue templando una cultura.
Dominicos y agustinos posibilitaron la ocupación de la llanura –esa sabana infinita, bañada por la luminosidad del sol- y abrieron cauce a la iniciativa del Marqués José Ignacio del Pumar, quien transformó un inhóspito lugar –palúdico, enfermizo, preñado de fangales y madriguera de indios bravos- en geografía de plazas y solares. Así nació Guadalito, como se llamó en un principio, allá por 1770, una tierra pródiga en bellezas naturales y albergue de gente empecinada en enaltecer su habitat.
De esas y otras anécdotas grandes y menudas, protagonizadas por pioneros que honran el gentilicio, se ha nutrido el libro Guasdualito, Navegación por su Historia, escrito con la enjundia que signan los trabajos del profesor Oldman Botello, quien obtuvo el valioso espaldarazo de la Alcaldía del Municipio Páez (a cargo del tesonero educador Exer Armando Fulco) y la colaboración mancomunada del Ateneo Popular de esa región llanera, para dar a conocer el fruto de sus indagaciones rigurosas.
En el libro de Botello se narra cómo el híbrido esencial del mestizaje enriqueció las costumbres de los colonizadores, para crear, con el tesón propio de lo nuevo, una idiosincracia lugareña de cuyas raíces puede ufanarse hoy un pueblo de admirable pujanza: |
Por eso si me preguntan
adónde queda mi casa,
alzo la frente y contesto
con un orgullo de casta:
¡En Guasdualito de Apure,
puerta de la tierra llana,
perdido en todo el lindero
del bosque y de la sabana!
¡Ese es mi pueblo llanero,
un pueblo de buena raza!" |
Dice Botello en su reláfica que Guasdualito cumplió un rol estelar "en la naciente República de Venezuela", situando la acción de su semblanza en la provincia apureña de 1823, cuando la población que nos ocupa "formó un cantón con su nombre y el de los vecinos de Constitución, Totumito, La Trinidad y Polvero. También refiere el investigador, en su navegación histórica, los tráficos ganaderos de los años de la Emancipación, las 441 leguas cuadradas de llano, las serranías, los terrenos anegadizos, las lagunas y los suelos baldíos que plenaron sus latitudes en aquellos tiempos embrionarios, de desasosiego y trabajo. Evoca las prácticas antidemocráticas de entonces (en 1846 sólo tenían derecho a voto 194 de los 30.425 habitantes de la provincia de Apure), las faenas de los apenas diez comerciantes que operaban en Guasdualito, la brega de los 20 artesanos y los 49 jornaleros del lugar... y la prédica del único sacerdote que en esa etapa histórica perseveraba en su labor piadosa.
La terrible Guerra Federal del Alto Apure, que relevó del poder a las fuerzas conservadoras, quebrantando la sociedad y erigiendo en caudillos a liberales amarillos; los avatares de una lucha que conmovió al país desde los escenarios de Guasdualito, El Amparo, Palmarito, Quintero, La Trinidad y Totumito; el manejo del mandato por parte de prevaricadores que usufructuaron las glorias de Zamora y de otros abnegados militantes del igualitarismo social; el rol de Guasdualito durante el florecimiento y la consolidación del guzmancismo (entonces la zona logró el rango de Departamento, merced a sus 3.066 habitantes y a sus 584 casas); las esperanzas que se abrieron en los albores del siglo XX, fecha en la que esa región llanera estaba conceptuada –como ahora- en una de las más importantes del Alto Apure; las 120 mil reses de cría que cada año aportaban a los lugareños unos 12 mil becerros; la llegada del telégrafo y la "vida" que emanaba, anhelosa y risueña, de un Guasdualito que perdió buena parte de su pujanza y de su aliento cuando el gobierno gomecista fue cerrando su puño, generando un éxodo de pobladores; todo ello, y mucho más, se hallan sintetizados –aunque delineados con la sapiencia del cronista de oficio- en la histórica navegación de Oldman Botello.
Las individualidades que han posibilitado el progreso cierto del Guasdualito contemporáneo –y, por extensión, el avance real del territorio del municipio Páez-; el énfasis de las actividades ganaderas, que son el fuerte de la economía regional; la consecuencial mención de los grandes hatos y el escozor que produce, paradójicamente, esas bienhechurías, víctimas como son los guasdualiteños de la rapiña ajena (más del 90 por ciento de los secuestros a productores y ganaderos que allí se suceden se planifican en Colombia), son objeto, igualmente, de análisis concretos en el libro editado por la Alcaldía del Municipio Páez. |
El agradecimiento demorado hacia los que, venidos de confines diversos, contribuyeron a ennoblecer el ahora acogedor terruño de nuestro llano apureño¸ ocupa un nutrido capítulo impregnado de nostalgias y de reminiscencias. La breve selección de Oldman Botello, que no pretende en modo alguno ser global o exhaustiva, nos proporciona un inventario disímil de apellidos de neta estirpe hispana: Baldayo, Padilla, Hurtado, Durán, García, Carpio, López, Molina, Vidal, Vargas y Zapata. Pero también hay francas alusiones a la gente proveniente de los estados andinos (Amaya, Araujo, Becerra, Bocaranda, Dugarte, Briceño, Carreño, Chacón, Peñaloza, Porras, Poveda, Ramírez, Rosales Ruiz, Sayago, Sánchez, Vivas, Zambrano, Zerpa) y a otra llegada de Barinas y de otros zonas del mismo estado Apure: Mirabal, Laya, Orozco, Gilly, Venero, Tenepe, Lamuño, Cabriles, Camargo, Arévalo, entre otros patronímicos.
La inmigración italiana, especialmente la calabrese, testigo y actor de la reciente historia económica y social de Guasdualito, está conformada, según revela Oldman Botello en su navegación anecdótica, por 75 apellidos de raíz meditarránea. Proliferan los Grieco, los Fulco, Maioprana, Labanchi, Panza, Laporta y Stella, éstos últimos llegados desde la muy laboriosa provincia de Salerno. Otros, añorantes de Sorrento y de Nápoles, crearon, a la vera del educador Doménico Stella, un Círculo de contertulios bautizado con el nombre de José Garibaldi, para solazar su espíritu irredento con las armonías de "O Sole Mío" y de otras canzonetas de la provincia ítala, al tiempo que sufrían el contagio de nuestros ritmos populares (joropos, golpes y pasajes), frutos del ingenio de los sensitivos compositores que abundan en la llanura nacional, hacedores de música y poesía engarzadas en coplas que, aunque ajenas al rigor del formalismo académico convencional, son parte vital de un invalorable ejercicio literario.
Guasdualito, Navegación por su Historia, incluye, además, un estupendo compendio fotográfico. La amable y nunca desmentida cordialidad y bonhomía apureña, son atributos inmovilizados en rostros, en imágenes que configuran un pasado siempre grato y viviente: bongos a orillas de un caudaloso río, chalanas sobre las aguas del Sarare, puntas de ganado, policías de los años 30, la estatua de Bolívar, guías turísticas entrelazadas con avisos puiblicitarios de siete décadas atrás, y ángulos de viejas callejuelas que delatan la verdad y lo apacible de su entorno.
Un libro, en fin, para la exaltación del orgullo. |
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