Las otras verdades
Tuvo su fundación cerca de los años 1770 y 1778, en manos de don Juan Ignacio del Pumar. A pesar de la buena reputación que éste gozaba, hay escritos que pueden dar lugar a algunas dudas en torno a del Pumar
Dice este escrito (Certificación del Ayuntamiento de Barinas, expedida el 25 de septiembre de 1778), que Pumar, con permiso concedido en 1770, fomentó y colonizó la Vice-Parroquia de San Jacinto de la Horqueta. Para aquél entonces, Guadualito (que así se llamaba correctamente) era un pedazo de tierra habitado por peligrosos indios bárbaros, y que fue allanado y pacificado por Pumar. Ya en 1787 contaba con 9 hatos y 15.000 vacunos y una población de 728 personas. Inclusive, Codazzi hizo referencia de Guasdualito como una tierra sagrada entre dos ríos navegables y cerca de la rica y extensa montaña de San Camilo, elementos que serían el artífice de su desarrollo.
Luego, las antiguas luchas entre dominicos y capuchinos, por cuestiones jurisdiccionales, se fueron acentuando poco a poco, hasta llegar al punto de pelear por esclavos; es el caso de los dominicos que reclamaban los 261 indios que los capuchinos habían tomado de sus establecimientos. Los Padres Prefectos, así como muchos, incluyendo a del Pumar, consideraban a los indios un estorbo para los intereses comunes, así que trataron de deshacerse de ellos. Tiempo más tarde, del Pumar se opone rotundamente a los dominicos en su deseo de querer fundar el pueblo de Totumito, porque iba en detrimento de su cría de ganado que, obviamente, era más importante que el acomodo de los indios. Sin embargo, Totumito fue fundado, pese a las revueltas, por una Orden Real. Se dice que Pumar levantó a San Jacinto de la Horqueta de Apure, para contrarrestar el mal efecto que le produjo esta fundación.
Mucho después, en 1787, Fernando Miyares, Gobernador de la Provincia de Barinas, empieza a depurar el río Santo Domingo, para establecer la comunicación comercial que daría pie a la expansión económica de la Provincia. Sucedió entonces, que el 4 de febrero de 1787 partió, desde la Vice-Parroquia del Carmen de Guasdualito, una expedición con el objeto de unir a Pamplona con Barinas con fines mercantiles. El plan era conseguirse en la boca del río Oirá con el grupo que venía de Pamplona. Se embarcan en Sarare cerca de las once de la mañana, el grupo expedicionario conformado por 30 blancos, 26 indios y 13 intérpretes. Pasaron por la boca del caño Guimaral, la desembocadura del Guachivá , las playas Santa Agueda, La Gaviota y Santa Dorotea. Luego, San Ruperto, El Guamal, Tapatojo y San Juan de Mata. El 16 llegaron a la boca del río Oirá, donde fijaron como punto máximo de llegada, la playa San Julián. No se obtuvieron mayores frutos de este esfuerzo, más que reconocer tierras que pertenecían a la Gobernación; además, la falta de la comisión de Pamplona, supuso la no-integración de ésta al camino de valle de Lavateca. El día 23, regresaron al puerto de Guasdualito, luego de 13 días aguas arriba y 6 aguas abajo.
Ya en años posteriores, se empieza a ver el decaimiento de Guasdualito. Las fiebres palúdicas, el esfuerzo béllico de la guerra de independencia y, posteriormente la casi diaria presencia de guerrilleros depredadores, fueron causas de su decadencia. Fue entonces cuando llegaron los religiosos que prestaron un abnegado servicio, entre los que se encuentran, Pedro José de Maecha, Manuel Cuadras, padre Archilla y Francisco Díaz. Algunos de ellos murieron y empezaron el éxodo del lugar. Era la época también del bandido Francisco Xavier Perales y sus "Descabezados", que tenían su inaccesible guarida en la Gran Montaña de San Camilo. Usaban una tela negra que cubría el rostro y un sombrero de alas. Nadie osaba a desafiarlos; ya habían sembrado el miedo en el pueblo. Se supo que alguien consiguió, en uno de los tantos rastreos de la montaña, una bayeta negra y un sombrero de alas caídas ocultos en un mogote. Este suceso dio pie para una gran investigación por parte de las autoridades, ya que era una pista valiosa y decisiva. Los rastreos se intensificaron hasta detener a uno de los confidentes de Perales, Ciriaco Mota. Una vez preso, Perales se tornó más cauteloso pero no menos sanguinario y decidido en contra del Poder Público. El mito Perales terminó cuando apareció un hombre no muy conocido, soldado mestizo, a quien habían dado por perdido o muerto. Se conoció que en una noche, inspiró al pueblo a tomar valentía, y se decidió a montar guardia en la entrada y salida del pueblo. Luego, Perales fue asesinado en la plaza del Arauca, el 30 de agosto de 1829.
Guasdualito es uno de los tantos pueblos que, por la necesidad económica, no sólo ha nacido, sino también sobrevivido gracias a la voluntad de sus habitantes. Ni siquiera el delincuente profesional medró el avance del pueblo. Gracias a las pestes anuales, ya no quedaban hombres de representación más que Alejandro Gallardo, nombrado Corregidor de Guasdualito; hombre de probidad pero que no sabía firmar. Pasó el tiempo, y empezaron a llegar hombres de tierras extrañas: europeos y americanos del norte y del sur, que en conjunto con los nativos, levantaron propiedades agrícolas y pecuarias. Luego empezó a mudarse Guasdualito a La Periquera actual. Iban en busca de la abundante leña en los bosques, elemento esencial del fogón pobre; el tráfico fluvial y la pesca diaria. Se dio entonces que querían fusionar La Periquera y Guasdualito. Se llevó a cabo un oficio hacia Caracas para formalizar la mudanza y ésta regresó el 5 de mayo de 1837, ya aprobada. Guasdualito se consideró una de las mejores poblaciones de la Provincia, pero al fundirse con La Periquera, cambió a ser una de las más despreciables. El movimiento quedó con efecto definitivo el 20 de noviembre de 1841, con un decreto del Gobernador de la Provincia. Es así como, a pesar de las vicisitudes, Guasdualito ha salido adelante, con una gran carga de paz y cultura, firme, y la sombra de un pasado que ya, desde su nacimiento, había formado parte de historia.
 
Fuente: "Del Apure histórico", Carlos M. Laya, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 1979.
 
 
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