En las elecciones pasadas, supimos de una reunión convocada por el secretario General de AD en Apure, Luis Guillermo Verdugo. La idea era reunir la militancia disidente. Había miedo en San Fernando, pues el terremoto electoral estaba en marcha, una vez que el candidato Hugo Chávez había logrado duplicar el mitin organizado por el gobernador, José Gregorio Montilla, y el cual se publicitaba como ejemplo de convocatoria multitudinaria. La militancia que llegó al recinto no fue a debatir políticas. Ni propuestas. Ni estrategias. Ni nada. Fue a quejarse. A pedir.
-Es que usted compañero, se olvidó de que existíamos -decía uno.
-Es que el compañero Montilla después que lo llevamos otra vez a la gobernación ya no pasó más por el barrio.
-Es que uno come, y no recibe ayuda de nadie aquí -afirmaba otro.
El secretario General captó el tono. A la defensiva, y con menos recursos que repartir en una estado más empobrecido, apeló al discurso de viejos tiempos. Pero lo que entraba por un oído, salía por el otro, ya que al final del encuentro, parte de los asistentes se acercó a pedirle cargos a Verdugo, quien a su pesar repartió otra vez tarjetitas de recomendación.
Eso era y es AD, en su gran mayoría. La dirigencia de San Fernando de Apure, recogía lo que había sembrado: una militancia movida por los puestos y los contratos. El partido lo dominaba todo. La organización era todopoderosa en una de las regiones más atrasadas del país. Se daba el caso de que Montilla no entregaba negocios a contratistas de Guasdualito, pues consideraba que éste era un municipio rebelde a su gestión. Y en Guasdualito era donde Montilla no tenía el control total. Como castigo a la región del Altoapure -cuya ciudad principal es precisamente Guasdualito-, Montilla siempre impuso como cabeza de plancha a la Cámara de Diputados a Lilian Arvelo, dirigente que nunca dijo ni pío por la región. Montilla además decidía casi a dedo al alcalde de cada municipio, y cada uno resultaba peor que el otro. Tanto es así que el alcalde, Armando Fulco, pasajero del avión de Avior secuestrado por la guerrilla colombiana, no encontraba dolientes en Guasdualito, a menos que fuera su esposa y sus hijos. Había más bien júbilo porque él también se encontraba entre las víctimas.
Toda esta historia viene a cuento por lo que vive AD actualmente. Y podemos anticipar que en el partido blanco nadie se atreverá a la celebración de un proceso interno porque, entre otras razones, no hay militancia para celebrarlo. ¿Quiénes concurrirán a las urnas blancas? ¿Quiénes escogerán las autoridades? La frase aquella de Carlos Andrés Pérez del cascarón vacío, está hoy más vigente que nunca, lo cual demuestra que más tarde o más temprano, los errores se pagan caro. Se pagó el de la expulsión de Claudio, y se pagó el de la expulsión de Luis Alfaro Ucero. Los adecos revisan sus listas, y el millón y tanto de militantes, de los que se ufanaron en el pasado, o se están absteniendo o han buscado nuevas opciones políticas y electorales. Tal vez tras los mismos contratos y cargos -la costumbre queda-, pero lo cierto es que emigran y siguen emigrando.
Y por lo visto hasta ahora, AD sigue en el mismo esquema: la pelea por los puestos y los cargos. Y es que en las declaraciones públicas suministradas bien por el retador, Antonio Ledezma, o en las del retado, Lewis Pérez, no hay una idea que se pueda comprar. No hay una sola propuesta a vender. No hay nada que promocionar. Es más, Ledezma apeló a lo peor del AD del pasado y a lo peor del chavismo de ahora: las turbas a las puertas del Congreso y en el caso que nos ocupa, a las puertas del bunker adeco. No parecen cambiar. No parecen percatarse del escenario que los rodea. Mientras siguen en su juego, no sólo los militantes abandonan la nave, sino también los banqueros y empresarios, quienes sienten que ese partido ya no ofrece garantías.
Que Lewis Pérez se aferre a su mando, es como comprensible. Lo que no se entiende es la actitud de Ledezma. El radicalismo con que ha asumido el proceso, a menos que detrás de su intención no haya otro propósito que el escurrir el bulto de la reeleción en la Alcaldía. Las encuestas demuestran que perdería ante cualquiera de los candidatos del chavismo.
En lugar de empujarse mutuamente en el eterno quítate tú para ponerme yo, es tiempo de más bien atizarle fuego a la discusión. Se debate una Constitución, y ni una propuesta adeca está en camino. Dirán que no vale la pena, que el debate está entubado. Pero, aún siendo así, no es esa la postura de un partido que se dice responsable de la Venezuela moderna. Hay una opinión pública que quiere oír versiones distintas a la del Polo Patriótico. No por minoría hay que replegarse. |