En Colombia los ricos empiezan a llorar

I

Lo de Colombia se complica porque la situación económica ha caído en el marco de las complicaciones. Con esto, la crisis del vecino adquiere dimensiones globales. Ya no hay dos Colombia. Como lo afirmaba recientemente la ex-cancillera María Emma Mejía, los dos países, tanto el de la estabilidad económica como el de la violencia, se han encontrado en un solo escenario, enlazados con tal profundidad que ya no hay manera de retroceder. Así pasó en Venezuela. El Estado rico que hacía poderoso a un sector empresarial y político dirigente, convivía con un país empobrecido y molesto. Al final se encontraron y explotó. Por eso ganó Caldera. Por eso ganó Chávez. A estas alturas de la historia, la crisis financiera y económica nos golpeaba y mataba a un sector del dinero que había tomado las riendas del poder. El otro sector, el político, aún sobrevivía, hasta que vino la estocada decisiva. En Colombia, se le ha movido el piso a todo el mundo. Y en estos últimos días hasta los intocables lo han sentido en carne propia. Así, vemos cómo Julio Mario Santodomingo, el magnate –aparece en la lista de Forbes- de mayor influencia en Colombia –fue factor decisivo para sostener a Ernesto Samper en la Presidencia- ha comenzado a reestructurarse y hasta ha vendido la Cervecería Andaluza en España, la cual formaba parte de sus activos en el exterior. Luis Carlos Sarmiento, el banquero -Banco de Bogotá- de mayor poder, se ha visto obligado a abrir el capital de sus empresas, mediante la emisión de acciones de Aval, el holding que arropa a todo su consorcio financiero. La idea de Sarmiento es levantar al menos tres billones de pesos. En la misma idea anda el Sindicato Antioqueño, que sin ser un solo grupo, actúa como tal por intereses comunes. Son 150 empresas que ahora andan casi desesperadas buscando financiamiento y convenciendo a sus socios locales y extranjeros que tomen más participación en las compañías. De esa manera, Casino de Francia ya tiene en sus manos el 25% de Almacenes Éxito, firma que a su vez controla Cadenalco, y ésta última, como sabemos, es la empresa dueña de Cada y Supermaxi’s, aquí en Venezuela. La tradicional galletera Noel también vendió un 20% a la francesa Danone. Surenting se alió con Mitsubishi. Mapfre y Suramericana de Inversiones se asociaron en Crediseguro. IFC capitalizó Corfinsura. La Electricidad de Caracas y Houston Industries han capitalizado más en Corelca para ganar más terreno en sus inversiones en Electrocaribe y Electrocosta. Todo esto puede hablar muy bien de Colombia, en el sentido de que la inversión extranjera aún observa perspectiva de largo plazo para sus inversiones. Pero hay un nubarrón que empaña el horizonte: hay empresas extranjeras que ya no desean estar más en el vecino país. Por primera vez, una multinacional de la talla de Plumrose, ha levantado su planta. ¿Y recuerdan los laboratorios farmacéuticos que abandonaron Venezuela y se instalaron en Colombia? Pues, están pensando en regresar.

II

Esta semana vimos cómo el Banco de la República tuvo que eliminar el sistema de bandas. De no hacerlo, las reservas internacionales hubiesen perdido en días, al menos un 30% de su volumen. El Gobierno se vio obligado a sostener el sistema de bandas hasta tener listo un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, hecho insólito en la historia económica del país. Como insólita es también la contracción, estimada para todo el año en 3,5%, aunque la caída del PIB en este último trimestre pasó de los siete puntos. ¿Estamos interpretando con precisión los signos colombianos? ¿Qué va a pasar con las empresas venezolanas que apostaron a Colombia? ¿Qué ocurrirá con las inversiones colombianas en Venezuela? No estoy diciendo que Cadenalco, Davivienda, Inversiones Mundiales Medellín, Grupo Carvajal y Seguros Bolívar, entre otras firmas, pueden entrar en problemas, como entraron en crisis los bancos que en el pasado habían incursionado en territorio colombiano. Pero es que también nos mueve a la duda la crisis ecuatoriana. Está fresca en la memoria la gran fiesta organizada por el Banco Popular de Ecuador en La Esmeralda. Eran los tiempos en que Emilio Botín (Grupo Santander/Central Hispano) hizo la suya en La Estancia y Emilio Ybarra (BBV), la suya también en el Tamanaco. Pero la más concurrida fue la convocada por el Popular. Anunciaron grandes proyectos para Venezuela, pero el año pasado entró en crisis el Banco Andino en Colombia y lo vendieron, como también tuvieron que vender luego Fivenez al Banco Caracas y ahora no sólo están intervenidos en Ecuador, sino que el gobierno colombiano a demandado al Popular en Miami por desviación de fondos. En Ecuador, miles de personas claman por la recuperación de sus ahorros e inversiones. ¿La historia se repite? ¿Se repetirá en Colombia?

Juan Carlos Zapata
 
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