| Al día siguiente
de la revuelta, Gómez se había apoderado de 5.000 pesos del tesoro y 150 de
la Aduana. Con Escallón muerto y sin más nadie que le hiciera frente, detuvo
a aquellos que se opusieran y se hizo "El amo del Arauca". Hizo, además,
circular la información de que el movimiento era general en toda Colombia y
que Concha, el presidente, junto a su alto mando, ya estaban en prisión. La
intención comunicativa era la de darle un toque ideológico a la rebelión.
Empezó entonces
a aumentar su botín para así retirarse a Venezuela o a Brasil. Nunca previó
el desgaste de su ejército, que fue decayendo a finales de enero. Por una petición
de Pérez Soto, presidente de Apure, dio libertad a los prisioneros que tenía
y, al cruzar la frontera venezolana, fue capturado por la armada nacional. Al
mismo tiempo, en Bogotá, los peri\ódicos anunciaban incesantemente noticias
acerca de La Humbertera, además de criticar a Concha por su fracaso en intentar
recuperar el orden. Incluso, éste desconocía que una provincia colombiana había
sido saqueada y ocupada por 4 dídas.
Concha inició
la búsqueda de Gómez y sus hombres, habilitando dos ejércitos; el primero, el
del general Salomón Correal, que debía ir de Bogotá hacia el Arauca y, el segundo,
el del general Daniel Ortiz, en Cúcuta, y que debía ingresar a territorio venezolano,
previo permiso, para usar la vía de San Cristóbal. El hecho de haber dispuesto
de dos ejércitos, indicó la gran preocupación que Gómez le causaba a Concha.
Después, nombró a Jesús García como jefe civil y militar de Arauca.
Luego, García
se dirigió al Amparo para asegurarle a las autoridades venezolanas que querían
mantener buenas relaciones. También le pidió a los araucanos que regresaran
a sus casas y notó en el grupo al general Manuel Briceño, antiguo prisionero
de Gómez. Lo alistó con 34 hombres y lo envió a la búsqueda de Gómez, a lo largo
del río Arauca. Por otro lado, Suárez, Ministro de Relaciones Exteriores, pidió
al gobierno venezolano la extradición de Gómez y de sus compañeros. Aparentemente,
el conflicto, para el gobierno colombiano había terminado, pero todavía faltaba
algo más.
La segunda
parte del conflicto empieza con la llegada de los nuevos prisioneros de García,
que gritaban ser inocentes al mismo tiempo que acusaban al primero de cometer
atrocidades aún peores que las de Gómez. L os prisioneros hallaron el modo de
difundir la noticia a través de Pérez Sarmiento, que era reportero para "El
diario Nacional". Esto dio pie para que la prensa empezara a poner en tela
de juicio las decisiones tomadas por el gobierno y la mala praxis militar que
recaía en García, Correal y Briceño. Incluso, algunos diarios reprochaban la
respuesta del gobierno al asunto en conjunto con la afirmación de que Gómez
era un bandido, y justificaban aquello como una salida a tanta corrupción oficial.
El gobierno estaba en peligro.
Luego empezaron
a formularse preguntas como por ejemplo el por qué el uso de dos ejércitos,
la aplicación del estado de sitio y la falta de movilización del ejército regular.
El problema llegó hasta tanto que se inició una investigación oficial hacia
el gobierno y para determinar el manejo de fondos en aquella operación. Algunos
periódicos pedían el castigo por igual para Gómez y para los que, al mando de
un ejército, torturaban y detenían a gente inocente.
García rechazó
las acusaciones en su contra con dos informes presentados en junio y julio de
ese año. Alegaba también que el estado de sitio permitía las expropiaciones
que había practicado en función de dar con el delincuente. Por su parte, Concha
en el afán de cuidarse las espaldas, defendía a García diciendo que era uno
de los mejores y más capacitados en cuanto a tareas militares. Luego, Olaya
Herrera, prominente periodista, propuso el juicio y sentencia a todos aquellos
que provocaron tal caos político. Se llamó a un debate, el 21 de septiembre,
en el que los miembros de las mayorías conservadoras votaron en contra con lo
que el "Caso Arauca" como también le llamaban, había terminado, sin
la sentencia de los jefes militares y civiles que cometieron tales atrocidades.
Irónicamente, en uno de sus viajes a Venezuela, Concha fue condecorado por Juan
Vicente Gómez con la orden Libertador en su primera clase. |